Aquí tienen al “Púgil en reposo”, “Púgil de las Termas” o “Púgil de Quirinal”.

Hay mucho que decir sobre esta impresionante estatua, sobre la época en que fue creada, la historia del boxeo, el estilo de escultura, la técnica, el hallazgo de la obra en la actualidad…pero hay personas más capaces para hablar de todo ello. A lo que yo los invito es simplemente a mirar, a imaginar.

El boxeo es un deporte con larga historia, y este peleador anónimo que nos mira congelado en el tiempo, eternamente joven y fuerte es la síntesis de ese espíritu de combate antiquísimo.

Su manos están protegidas por oxys, antepasados de nuestro equipo moderno, tiras de cuero enrolladas en las manos de forma parecida a cómo lo hacemos hoy con los vendajes y que bajan hasta el antebrazo para sostener la muñeca y con bandas de lana para que el boxeador se secara el sudor.

¿Era una buena protección? Miremos su rostro y démonos nosotros mismos la respuesta. El detalle nos permite ver una superficie llena heridas severas. Mírenlo bien. No sólo su extraña mirada sin ojos, como cansado, como adolorido, sino las marcas de la batalla. Docenas de cortes van de un lado a otro de su cara en un volumen que en una transmisión por HBO hoy en día serían de una brutalidad inhumana. Su nariz chueca, seguramente rota ya varias veces, hoy quebrada de nuevo y por lo tanto inflamada. Orejas de coliflor, hinchadas y también cortadas en varios lugares.

Su boca está abierta, sus labios irregulares, no por un descuido del artista, sino por los impactos del oponente ¿Respira por la boca porque su nariz está rota? ¿La mantiene abierta porque le han roto los dientes? Su cuerpo es musculoso y fuerte ¿Habrá perdido? ¿Habrá ganado? Si lo hizo y él se ve así, ¿Cómo creen que se vea su rival?

Miro esta estatua y no puedo dejar de maravillarme ante los detalles, la sutileza del gesto y la habilidad para recrearlo todo. No es sólo una copia de la realidad, está cargada de algún tipo de drama, es un instante atrapado, una acción cualquiera que el escultor convirtió en arte.

Esta estatua, igual que el boxeo, es antigua, impactante, y está cargada de una brutalidad, que de tan desnuda, real y expuesta, puede vestirse con una belleza al mismo tiempo misteriosa y emocionante.

 


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